querido papá
Esta
es la historia de una chica adolescente, que un día, un 6 de febrero pierde a
su persona preferida… Quién venía enferma de hace tiempo aunque ella nunca lo
supo, quién podría mostrarse sonriendo pero estaba totalmente destruido, cuya
persona era su padre y su debilidad era el alcohol.
Ella nunca logró entender el porqué de las cosas, el de las actitudes que solía ver en su rutina, no entendía que pasaba y aun así estaba feliz de verlo sonreír. Hasta que un día (un maldito día) lo encontró bebiendo de una botella a escondidas y todo su cuerpo se paralizó, no podía creer lo que ella veía - ni quería entender tampoco- . Se quedó intacta mirando el acto de él y una sensación rara recorría su cuerpo, se sentía débil y tiritaba mucho. - ¿Por qué está tomando?- se dijo así misma…
Los días pasaban y todo seguía normal como habituaban. Hasta que una tarde su familia decide ir de viaje a un pueblo chico a visitar un primo de la madre, ella no estaba animada ni tenía las ganas de viajar a un “pueblucho” pero la obligaron, con cara de felicidad fingida y todo, partieron. Al llegar, les dieron una gran bienvenida; le ofrecieron pizzas y empanadas para comer (sí, a la tarde) y con la comida venía acompañado un vino, esos de caja en un vaso de acero. Su madre se había ido con la esposa del primo a buscar más comida mientras se repartían el mate y hablaban. Entonces ahí quedamos; su primo, su padre, un vaso con vino y ella. “Vamos a tomar” le dijo y el papá acepto sin reproches con su típica excusa de “Tomar un vasito no me hace nada, es más, me relaja”. Su cuerpo no podía pasar ni siquiera un vaso, así que ella le dijo que lo terminaba por él… Todo comenzó así hasta que se volvió costumbre de tomar juntos. Ella sabía que estaba mal, pero con sus ojos y sus palabras no podía evitar darle un no de respuesta. Y es así como el tiempo pasó… Las peleas, las mentiras, los gritos, los golpes, las caras, los cambios aumentaban. Cada día era una tortura para ella vivir con esa familia tan destructiva.
Un día sus padres decidieron separarse, se sentía que era tan definitivo que llegó a imaginarse una vida de padres separados, en ir a ver a su papá los fines de semana, en vivir con su madre sola.
Su padre
estaba enfermo, estaba mal, no podía caminar, no comía, no hacía nada. No era
la persona alegre que le hacía bien a sus días, no era ese quién le hacía reír
todos los días con sus chistes, no era la persona que gritaba todo el día y se
enojaba por cualquier cosa. Era un alguien totalmente distinto, necesitaba que
se repusiera.
Hoy, a 6 meses de tu muerte te quiero
escribir esta carta papá, diciendo lo cuanto te quiero acá a mi lado. Y mi
carta comienza así…
Ella nunca logró entender el porqué de las cosas, el de las actitudes que solía ver en su rutina, no entendía que pasaba y aun así estaba feliz de verlo sonreír. Hasta que un día (un maldito día) lo encontró bebiendo de una botella a escondidas y todo su cuerpo se paralizó, no podía creer lo que ella veía - ni quería entender tampoco- . Se quedó intacta mirando el acto de él y una sensación rara recorría su cuerpo, se sentía débil y tiritaba mucho. - ¿Por qué está tomando?- se dijo así misma…
Los días pasaban y todo seguía normal como habituaban. Hasta que una tarde su familia decide ir de viaje a un pueblo chico a visitar un primo de la madre, ella no estaba animada ni tenía las ganas de viajar a un “pueblucho” pero la obligaron, con cara de felicidad fingida y todo, partieron. Al llegar, les dieron una gran bienvenida; le ofrecieron pizzas y empanadas para comer (sí, a la tarde) y con la comida venía acompañado un vino, esos de caja en un vaso de acero. Su madre se había ido con la esposa del primo a buscar más comida mientras se repartían el mate y hablaban. Entonces ahí quedamos; su primo, su padre, un vaso con vino y ella. “Vamos a tomar” le dijo y el papá acepto sin reproches con su típica excusa de “Tomar un vasito no me hace nada, es más, me relaja”. Su cuerpo no podía pasar ni siquiera un vaso, así que ella le dijo que lo terminaba por él… Todo comenzó así hasta que se volvió costumbre de tomar juntos. Ella sabía que estaba mal, pero con sus ojos y sus palabras no podía evitar darle un no de respuesta. Y es así como el tiempo pasó… Las peleas, las mentiras, los gritos, los golpes, las caras, los cambios aumentaban. Cada día era una tortura para ella vivir con esa familia tan destructiva.
Un día sus padres decidieron separarse, se sentía que era tan definitivo que llegó a imaginarse una vida de padres separados, en ir a ver a su papá los fines de semana, en vivir con su madre sola.
A
pesar de que quería la felicidad de su mamá y necesitaba verla tranquila, nunca
pudo imaginarse que una persona enferma (y totalmente libre de retos) podría
terminar en la miseria y eso no podía hacerle entender a su madre.
La idea continuaba y cada vez era más concreta y
su tristeza aumentaba. Pero muchas veces, se presentan piedras en el camino y para ella esta era una muy
grande, de esas que no se sabe cómo correrlas pero de alguna manera tenía que
hacerlo.
“Querido papá:
Ya hace 6 meses que te fuiste de mi
lado, que partiste hacía un mejor lugar… Fuera de discusiones, gritos y
mentiras. Es increíble lo que pasa el tiempo, lo rápido que va y como aumentan
las ganas de que estés acá, de poder abrazarte y darte besos, de volver a reír
juntos, de decirte cuanto te quiero.
Siento que acá no puedas haber sido
la persona que realmente eras, espero que el cielo te de una segunda
oportunidad. Hoy brindo por vos, por todo lo que lograste y lo cuanto que me
has enseñado. Siempre diste lo mejor de vos y lamento no haberte agradecido
todo antes… Ojalá tuviera otra oportunidad yo también, en poder tenerte en mis
brazos y poder mirarte a los ojos. A veces te llamo pero sé que no estás acá,
pero toda la vida vas a estar en mi corazón y mis recuerdos, que son lo mejor
que me pudiste haber dejado luego de que hayas muerto…
Lamento
que hayas partido de esta manera, tenías tanto por dar y en los últimos tiempos
recibiste tan poco. Lamento haberte hecho enojar tanto, haberte gritado, haberte
culpado por cosas que no pude lograr, me hice mal a mí culpándote a vos y sobre
todo, haberte mentido como una vez lo hice.
Acá estoy, cada día logrando nuevas
cosas, batallando todo el tiempo, viviendo nuevas experiencias y sé que a todo
esto, lo estoy viviendo con vos. Si bien se siente un peso más por tu ausencia
porque es doloroso verme crecer y que no estés acá físicamente o en tener que
ser yo el hombro de nuestra familia cuando soy mil veces más débil que ellos.
Me causa demasiada impotencia no
poderte haber ayudado, ¿Por qué me tuviste que mentir tantos años? ¿Por qué
hiciste lo que hiciste? Nos lastimabas tanto papá… Te reías en nuestras caras.
Siento tanto que me de tanta bronca esto cuando lo recuerdo, pero te necesito
acá… Por favor, baja un ratito del cielo papi.
Y vuelvo a decir, ¿Quién diría que ya
han pasado 6 meses? Parece ayer cuando te vi frente a mí, que me hiciste tu
última broma y te pude dar el último adiós acompañado de un “Te amo papi”.
Recuerda siempre como te dije una
vez; “Sigo por vos”, sigo por todo lo que quisiste lograr, sigo por mamá, sigo
por tu justicia, sigo a pesar de todo.
¡Te amo papá! (en otra vida espero volverte a
ver)
Tu hija,
Julieta”
Una catarsis que tuve que escribir alguna vez, la mejor forma de descargarme es escribiendo y sobre todo si es para gritar cuanto amo y extraño a mi papá que se fue a dar una vuelta a las estrellas!!
Me cuesta con el ser compartir esto, pero de a poco me voy despidiendo del blog y quiero ir haciéndolo como lo hice al ingresar, demostrando lo que siento; la felicidad y la tristeza, la vida y la muerte, el amor y el odio. Miles de sensaciones recopiladas de letras.


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